Tango

"Rodolfo Valentino, Tango"


 

Rodolfo Valentino, el milonguero 

El Tango y el astro de cine en la Norteamérica de los años 20

Valentino, TangoEl 6 de mayo de 1895, nacía en Castellaneta - villa de la italiana provincia de Tarento - Rodolfo Alfonso Pietro Filiberto Raffaello Guglielmi Di Valentina d’Antonguolla; un nombre tan extenso como la fama de que gozaría con el tiempo, ya convertido en el inolvidable Rodolfo Valentino.
 
Era hijo del veterinario Giovanni Guglielmi, italiano él, y de la francesa María Berta Gabriella Barbin, y hermano de Beatrice, Alberto y María. Tras sus estudios primarios, obtuvo en 1913, el título de técnico agrícola, en la Reale Accademia di Agricoltura, de San Hilario de Nervi, Génova.

Tras la graduación, sus parientes maternos residentes en Francia, lo invitaron a pasar allí unas vacaciones. La experiencia le habría resultado completamente olvidable, de no haber sido porque, a fuerza de transitar los salones parisienses, consiguió perfeccionar su afición por el baile. 

Valentino, TangoNo por el del tango, en cuya danza sobresaldría poco después.valentinotango A su regreso, cuentan que le dijo a su hermano: “Italia es demasiado pequeña para mí”, y se embarcó, en el vapor Cleveland rumbo a los Estados Unidos y a la fama. Desembarcó el 28 de diciembre de 1913. 

Y fue allí donde descubrió nuestra música: “Yo bailaba muy bien los valses, mazurcas y lanceros, pero quería aprender el Tango. Alex (Salm, un amigo de Brooklyn) fue mi profesor”, refiere en sus memorias. En principio, dilapidó el dinero que traía y no demoró, luego, en aplicar sus conocimientos en agricultura para ganarse el pan. 

Por esos días, trabó amistad con nuestro Casimiro Aín, que andaba por aquellos pagos. Refería “El Vasquito” en un reportaje de fines de los años 20, rescatado por nuestro amigo español Javier Barreiro: “Valentino frecuentaba la pensión de latinos bohemios donde yo vivía y andaba siempre pechando para el café con leche.

Me parece verlo, todo mal vestido y con cara de hambre, pedir unos centavos para el automático (...) Después me enteré que se hacía famoso y que moría podrido en plata”. Quizás Aín haya influido en la posterior carrera milonguera de Valentino, pero lo cierto es que el destino lo guió hacia otros ambientes; fue lavacopas en el cabaret Maxim’s, y cierta noche se le ocurrió que era imperioso pasar del mostrador a la pista. 

Valentino, TangoEl director de la orquesta del lugar, un violinista llamado Domenico Savino, había sido su vecino en Tarento... y de un día para el otro se transformó en bailarín de alquiler de ese cabaret. A partir de entonces, Rodolfo Guglielmi comenzó a llamarse Rodolpho Di Valentina y a ganar amistades. 

Entre ellas, el luego célebre George Raft, que entonces era su colega de pista. Fue Raft el que le dio el siguiente empujoncito hacia la fama, al conectarlo con una bailarina muy conocida por entonces, Bonnie Glass. “Se acabaron los días sin pan - fue el comentario de Valentino en sus memorias - de Maxim’s salté al escenario del Winter Garden, formando pareja con Bonnie Glass, la famosa bailarina; de allí pasamos al Colonial, al Orpheum, al Keith, al Montmartre, a todos los escenarios importantes de los Estados Unidos”.

Ambos dejaron sobre aquellos tablados los aplaudidos pasos de sus one-steps, maxixas y sobre todo, Tangos. A propósito, en los Estados Unidos de entonces andaban sonando las notas de los primeros ejemplos tangueros locales, como “Tango-two step” (Joe Jordan, 1913) o “My Tango Queen” (E. Lorenz Barber, 1914 ), y no faltaban nuestros “El choclo” (Ángel Villoldo) y “El irresistible” (Lorenzo Logatti), entre otros.

Tango, ValentinoLa pareja con la Glass no duró demasiado tiempo; el casamiento con Ben Alí Haggin alejó a la bailarina de la profesión. Ni lerdo ni perezoso, Rodolfo halló una nueva pareja en Jean Sawyer. Seis meses más tarde, lo encontramos actuando en una compañía de opereta, con la que terminó en California. 

Tango Rodolfo ValentinoOtra vez, el destino; Hollywood le quedaba a un paso... Y esta vez el destino tomó la figura del actor Norman Kerry, que le sugirió inmiscuirse en el ambiente cinematográfico... 

Seguido el consejo, Rodolfo no demoró en aparecer en el celuloide, en fugaces intervenciones como bailarín. Entre 1914 y 1920, participó en algo más de una veintena de películas y celebró su boda (5 de noviembre de 1919) con Jean Acker, una prometedora estrellita.

Rodolpho Di Valentina había pasado a ser, para siempre, Rudolph Valentino y estaba por convertirse en “el divino Rudy”, el primer latin lover, y para muchos, el mayor sex symbol masculino en la historia de la cinematografía. 

En 1920 conoció a June Mathis, que estaba trabajando en la adaptación cinematográfica de la novela antibélica del valenciano Vicente Blasco Ibáñez “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”. 

Ella vio en Valentino al actor ideal para protagonizar su guión. Los ejecutivos de la Metro Pictures y el director Rex Ingram aceptaran la propuesta cuando la guionista aclaró (despistadamente): “¡Es argentino!”. De resultas, se agregaron al guión dos escenas de Tango; una en un supuesto cafetín de La Boca - que más bien semeja un figón portuario europeo - y la otra en el Tango Palace de París. 

En la primera, la compañera es la también latina Beatrice Domínguez y en la segunda, su co-protagonista Alice Terry. Seis años más tarde, Douglas Fairbanks y Lupe Vélez confirmarían, con su danza de “El gaucho”, que Valentino había hecho escuela.

Julio Desnoyers - el personaje encarnado por Rudy - es un gaucho. Hijo de francés y argentina, pero, como ha nacido en la tierra de los gauchos, no puede ser otra cosa que un gaucho. 

Valentino, Tango¿O acaso no confirman su condición de tal las amplias bombachas, el poncho - con mayor precisión podría decirse sarape -, el anchísimo cinturón constelado de resplandecientes tachas, el largo látigo y el sombrero calañés - de cuya ala pende un par de coquetas borlas - sobre el engominado cabello..? 

Si alguien tuviera dudas, hasta sabe bailar el Tango, esa “danza de las pampas”. A partir de entonces, esa errónea imagen de Rodolfo quedará como prototipo de bailarín de Tango en el exterior.

En 1923, ya divorciado de la Acker, reincidió con la escenógrafa y vestuarista Natacha Rambova, por vero nombre, Winifred Shaunessy. Coincidieron su nuevo matrimonio y su ruptura con la Paramount, empresa a la que por entonces estaba ligado. Con ella, que era buena bailarina, regresó al Tango. 

Fue cuando la Cold Cream Minerva, una empresa de cosméticos, les ofreció una gira, en  calidad de bailarines, a lo largo de los estados norteamericanos. Quizás haya sido entonces cuando - como se dice - lo acompañó nuestro Juan Carlos Cobián, arribado a las playas yanquis en ese mismo año. Además de bailar el Tango, Valentino volvió a vestir de “gaucho”.

Serían las últimas veces en que se lo vio rindiéndole culto a nuestra danza. Aún así, continuó siendo tanguero y como tal, en el París de 1925, trabó cierta amistad con Francisco Canaro. Sobrevino, entonces, la separación de su segunda esposa, a la que siguió un romance con la actriz Pola Negri, iniciado durante cierta fiesta, casualmente al son de “La cumparsita”. 

Valentino, TangoDespués, unas contadas películas más y la temprana muerte en el Polyclinic Hospital de New York, el 23 de agosto de 1926. Al día siguiente, Mark Hellinger escribía: “Rudolph Valentino, el hombre que llevó felicidad a millones de corazones, ha muerto. El Gran Director lo apartó del escenario de la vida a las 12.10 de ayer”.

Luego, su entierro en una parcela del Memorial Cemetery, cedida por la buena de June Mathis - que fallecería durante el año siguiente -, y la eterna dama de negro, que aún hoy lleva flores a su tumba; en realidad, las damas han sido más de una, desde la inicial Ditra Flame hasta la actual Vicki Callahan. 

Aquí, mientras tanto, Tomás Muñoz Leiva le dedicaba el Tango “Rodolfo Valentino” (grabado en 1927 por la orquesta de Agesilao Ferrazzano) y Luis Rubistein junto a Juan D’Arienzo, otro Tango de 1926 también titulado “Rodolfo Valentino”; el mismo que en 1928 pasó a titularse “¡Callejas solo!” y en 1938, ya definitivamente, “Nada más”.

Certezas y datos contradictorios, realidad y leyenda parecen formar un todo en la vida - o lo que se cree que es la vida - de Rodolfo Valentino. 

Valentino, TangoEn cuanto al Tango, el mito Valentino encierra otro mito, el de hacer creer - al menos en el exterior - que lo por él bailado era verdaderamente Tango. Carlos de la Púa lo intuyó poco antes del estreno porteño de “Los cuatro jinetes del Apocalipsis” (Real Palace, 2-octubre-1921) y deschavó que el Tango de Valentino “es una trasgresión paródica del auténtico”.

Hoy podríamos decir que acaso no sea el suyo menos Tango que el exhibido por ciertas parejas argentinas actuales. De todos modos, para los yanquis, durante décadas, el Tango fue Valentino y muy poco más; lo confirmó - sin quererlo - otro actor milonguero, Robert Duvall, cuando dijo: “¿Qué sabía yo del Tango? De Valentino hasta acá, mi información era naturalmente nula”.

Roberto Selles



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