Tango

"Tango Ciego"


Separador de Tangos

Tango Ciego

 

Gallo ciego

Tango
Música: Agustín Bardi
(02'55")                     Para escuchar usar Mozilla Firefox
Orquesta Ricardo Tanturi
09/06/1938 Buenos Aires  -  Odeon 7131 9443


Separador de Tangos

Desde que soy ciego, ésto del Tango cambió bastante, aunque no tanto como puede parecer. 

En realidad la milonga era ya mi segundo hogar y conocía sus medidas de memoria. Por supuesto, como en todo, también en la ceguera, una buena técnica ayuda.

Tango Ciego

Yel caminar del Tango que me enseñaron mis primeros profesores resultó fundamental.
Se trataba (y se trata) de no precipitarse, llevar primero el pie y luego pasar el peso del cuerpo.

Para los videntes, eso es importante porque es condición indispensable de la improvisación, el amague, el cambio de dirección, el juego.

Un paso dado, no se puede cambiar. Un paso indicado está siempre abierto a nuevas posibilidades de diálogo. 

Rápidamente descubrí que caminando de esa manera, es imposible tropezar con nada. 

Antes de darte el golpe con una mesa o una silla, la has tocado suavemente, como acariciando el pie de la chica con quien bailas. Entonces un giro suave y, adelante.

La pista, por supuesto, no tiene secretos para mí.  Tengo medidas las dimensiones y las direcciones.  Tango CiegoOrientándome por los altavoces, sé dónde me encuentro en cada instante.  Y bailar sin tropezarse no es problema. 

Hay que ir despacio, un poco más despacio cada vez. Las otras parejas te adelantan y, sientes el aire que dejan a su paso.

Las chicas, ¡más fabulosas que nunca!. Las sientes como nunca antes las habías sentido. Y no voy a entrar en detalles. Esto de ser ciego hay que probarlo. Lo mejor es que desde que no las veo, han dejado de envejecer, están iguales para siempre, y más aún.

Tango Ciego

Seguramente alguien se preguntará cómo me las arreglo para invitarlas a bailar.

Pues muy fácil, me acerco a donde están sentadas y les digo: Sonia (o Sofía o Soraya o Sonsoles o Soledad)
¿bailamos?.   

Nunca me equivoco y eso las tiene un poco confundidas.  

Tango Ciego
Quiero aclarar que el asunto tiene truco: las reconozco por el perfume. Aunque esto se está acabando. 

Me parece que se dieron cuenta y están empezando a reírse de mí (creo que se están intercambiando los perfumes).

En efecto, ya van varias veces que me equivoco y cuando esto sucede, la agraciada se ríe de mí con la risita de cuando teníamos 14 años y las chicas nos miraban, se decían algo al oído y se murmuraban entre ellas.

Por eso decía antes lo de "más aún". Porque están volviendo a tener 14 y a reírse como entonces, en que se burlaban de nuestro defecto, de esa ridícula protuberancia que nos diferencia y nos hace tan imperfectos.

David Frydman  
Publicado en la Revista "Gilda

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El extraño encanto de bailar tango en la más absoluta oscuridad


http://www.lanacion.com.ar/1553127-el-extrano-encanto-de-bailar-tango-en-la-mas-absoluta-oscuridad

Si querés ver más allá, usá tus oídos. No es un slogan publicitario. Tampoco se trata de un antiguo refrán oriental.

Es una conclusión de la neurociencia - disciplina muy de moda actualmente - que una vez leí y por supuesto quedó grabada en mi siempre elástica memoria.

Pero lo cierto es que sólo pude entenderlo y experimentarlo años después, cuando asistí esta semana a una milonga a oscuras, una de las propuestas que organiza el Centro Argentino de Teatro Ciego en pleno corazón del Abasto.

En la pista mi elasticidad con los pies, por desgracia, no era tanta como la de mi memoria, pero aunque parezca extraño la oscuridad "equilibró" en mi favor la falta de habilidad en el baile e hizo que mi debut como bailarina de Tango no fuera tan malo como había pensado.

Tango CiegoPor empezar, no sentía la mirada de los otros - ni la de mi ocasional compañero, con el que obviamente no podía establecer ningún contacto visual, algo bastante importante a la hora de ejecutar cualquier paso de baile - y eso supuso para mi un alivio y hasta cierta liberación.

Detrás de la pesada cortina de terciopelo - también negro, como casi todo ahí-, ya sonaban los inconfundibles acordes de un Tango.

Entramos y tal como nos lo habían anticipado en el vestíbulo Pablo y Giuliana, la pareja de bailarines a cargo de la clase, no se veía absolutamente nada.

Ni siquiera se colaba, a través del cortinado, un pequeño y tranquilizador halo de luz.

Todo alrededor estaba teñido de negro, un negro intenso, y que me hizo cerrar instintivamente los ojos para acostumbrar mi mente a esa nueva sensación que me acompañó a lo largo de una hora y media, el tiempo que dura la clase.

En fila, con las manos apoyadas en los hombros del que me precede, casi como tomando distancia, me dejo llevar hasta el interior de lo que intuyo es la pista de baile.

Otra vez de forma instintiva busco dar pasos cortos, arrastrando los pies, como para ir ganando seguridad en medio del terreno desconocido.

Sin querer, la punta de mi pie toca el talón del de adelante, y aunque las reglas de cortesía siempre obligan en estos casos a pedir disculpas, me doy cuenta de que acá, esas normas, al menos de forma implícita, ya no corren.

De pronto, la fila se detiene. Pablo y Giuliana, que se pasaron un año bailando en la oscuridad para poder llevar adelante la clase en estas condiciones, vuelven a presentarse y nos hacen hacer lo mismo.

Uno por uno va diciendo su nombre, lo que nos da no sólo idea de cuántos somos sino también de lo cerca que estamos unos de otros.

Luego llega el momento de explicar algunas reglas básicas y propias del Tango a Ciegas

La primera y más importante, desplazarse suavemente. Tango Ciego

La segunda, mantener, cuando no se está bailando, los brazos pegados al cuerpo para evitar lastimar involuntariamente a otro.

La tercera, dejarse llevar por la música, concentrarse en los aromas - de pronto sentí cómo mi nariz empezó a percibir un suave y dulce olor a café recién molido que inmediatamente me trasladó a una cafetería de mi infancia - y prestar atención al sonido de los pasos de los demás para establecer la cercanía respecto de la otra pareja.

La convención de bailar en círculo en el sentido contrario a las agujas del reloj, regla básica de toda milonga, se mantenía inalterable.

Llegó el momento de reconocer la pista, que está marcada con sillas dispuestas alrededor y con el respaldo mirando hacia el centro, para evitar, si se tropieza contra ellas, caer sentado.

Otra vez en fila, con una mano en el hombro, usamos la otra para tantear las sillas y dibujar mentalmente el límite de la pista.

"Este lado da a la calle Zelaya, por donde entraron al teatro", explican como para poder situarnos geográficamente en el espacio.

"Acá, en el vértice con Anchorena, hay un parlante y en diagonal está el otro", dicen otra vez para aumentar el número de coordenadas.

Otra cosa que ayuda, naturalmente, es contar los pasos para calcular la dimensión y saber dónde girar exactamente. 
Tras unos ejercicios "de confianza" con el compañero elegido al azar y de calentar los músculos con estiramientos de cuello y piernas, 
empieza, ahora sí, el momento del baile. 

A esa altura la oscuridad ya no parece ser una limitación seria y la acepto con naturalidad.

Tango CiegoMi compañero resultó ser un experimentado bailarín que se movía como pez en el agua con las luces apagadas.

Aunque ni él ni ninguno  de los otros bailarines podían ver mi inexperiencia en la pista de baile, no tardó demasiado en adivinarlo.

Por suerte, en lugar de quejarse de su mala fortuna tomó la situación como un verdadero desafío.

"No te preocupes que te voy a sacar buena", me decía mientras trataba de llevarme con esfuerzo y dignidad.

Yo apenas podía pasar el peso de una pierna a otra y hacer el paso básico, pero así y todo, él jamás perdió el optimismo y la esperanza de lograr su objetivo.

Tan concentrada estaba en no equivocarme que no me había dado cuenta de que, hasta el momento, no había dado ni recibido ningún pisotón, algo que acrecentó mi confianza en mí misma y en los demás y me permitió bucear en mi memoria.

Mientras bailaba, recordé lo que había sido mi única experiencia previa en una milonga. Fue hace unos diez años cuando asistí, en estricto carácter de espectadora, a un baile dominical en la calle Scalabrini Ortiz.

Me impresionó, sobre todo, la comunión que lograban las parejas, muchas de ellas conformadas por extraños que apenas habían intercambiado, ahí mismo, miradas y cabezazos trasnochados.

Comprobé que el Tango permitía una intimidad por momentos abrumadora y hasta incómoda para cualquier observador externo.
En ese momento pensé que jamás me animaría a experimentar algo así, porque era casi como desnudarse frente a un extraño.

Pero en el caso de Tango a ciegas, estaba casi segura de que esa intimidad y esa sensación de desnudez se desvanecerían.
Sin duda, estaba equivocada. La oscuridad protege de la mirada de los demás, pero no es inmune a la intimidad.

La falta de luz no hace más que acrecentar la confianza y la complicidad que uno debe depositar en el compañero, un otro completamente desconocido, sin rostro, al que no queda otra opción que aferrarse en medio de la oscuridad para no tropezar.

No pude evitar, como casi siempre me pasa cuando me encuentro en este tipo de situaciones, ruborizarme al constatar que me había equivocado. Pero no me importó. Por suerte nadie me veía.



Clases para todos los niveles


Tango a ciegas es una de las propuestas del Centro Argentino de Teatro Ciego
(Zelaya 3006).

Las clases son los miércoles, a las 19.30 . No hace falta saber bailar..

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Tango Biblioteca
Tango Letras

Viejo ciego

Tango 1926
Música: Sebastián Piana / Cátulo Castillo
Letra: Homero Manzi
Con un lazarillo llegás por las nochesTango Ciego
trayendo las quejas del viejo violín,
y en medio del humo
parece un fantoche
tu rara silueta
de flaco rocín.

Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,
al ir destrenzando tu eterna canción,
ponés en las almas
recuerdos añejos
y un poco de pena mezclás al alcohol.

El día en que se apaguen tus tangos quejumbrosos
tendrá crespones de humo la luz del callejón,
y habrá en los naipes sucios un sello misterioso
y habrá en las almas simples un poco de emoción.

El día en que no se oiga la voz de tu instrumento

cuando dejés los huesos debajo de un portal
los bardos jubilados, sin falso sentimiento
con una "canzonetta" te harán el funeral.

Parecés un verso

del loco CarriegoTango Ciego
parecés el alma
del mismo violín.
Puntual parroquiano tan viejo y tan ciego,

tan llena de pena, tan lleno de esplín.

Cuando oigo tus notas
me invade el recuerdo
de aquella muchacha
de tiempos atrás.

A ver, viejo ciego,
tocá un tango lerdo
muy lerdo y muy triste
que quiero llorar.  
Escuchar la música 

(02'26")   Para escuchar usar Mozilla Firefox
Orquesta Raúl Garello
Canta: Roberto Goyeneche
Buenos Aires 1990


http://www.todotango.com/charlemos


Charlemos

Tango 1940
Música: Luis Rubistein
Letra: Luis Rubistein
Tango Charlemos
Escuchar la música con Mozilla Firefox
(02'19")
Guitarras de Maciel, Pagés y Pesoa
Canta: Ignacio Corsini
11/03/1941 Buenos Aires 
Odeon 18687 11081
¿Belgrano sesenta once?
Quisiera hablar con Renée...
¿No vive allí?... No, no corte...
¿Podría hablar con usted?
No cuelgue... La tarde es triste.
Me siento sentimental.
Renée ya sé que no existe...
Charlemos... Usted es igual... Charlando soy feliz...

La vida es breve...
Soñemos en la gris
tarde que llueve.
Hablemos de un amor...
Tango Ciego
Seremos ella y él
y con su voz
mi angustia cruel
será más leve...


Charlemos, nada más.
Soy el cautivo
de un sueño tan fugaz
que ni lo vivo.
Charlemos, nada más,
que aquí, en mi corazón,
oyéndola siento latir
otra emoción...

¿Qué dice? ¿Tratar de vernos?
Sigamos con la ilusión...
Hablemos sin conocernos
corazón a corazón...
No puedo... No puedo verla...
Es doloroso, lo sé...
¡Cómo quisiera quererla!
Soy ciego... Perdóneme. . .

Tango a ciegas


Tango Ciego
https://www.facebook.com/tangociego.escuela


El curso esta dirigido a aquellas personas que quieran desarrollar y profundizar el manejo de sus sentidos.


El objetivo es lograr fusionar las técnicas utilizadas para dictar clases de danza a no videntes adaptándolas a la oscuridad, de forma tal que constituya un medio de aprendizaje para bailarines videntes y no videntes.

En un ambito de oscuridad, es posible una una mayor concentración y conexión entre los bailarines, aumentando la escucha del cuerpo del otro.

Por ser una experiencia nueva este curso no distingue niveles, los pasos van a ir cambiando y el objetivo primordial es que tanto un bailarín ciego como uno que no lo es puedan integrarse a una pista de baile respetando los códigos de la milonga, pero aprendiendo el baile desde un lugar no visual.

Estructura de las clases: Reconocimiento y adaptación : recorrido de la pista en total oscuridad, en compañía de los instructores, contemplando suaves melodías y aromas para empezar a intimar con nuestros sentidos.

• Soltura y relajación: series de ejercicios para librar tensiones y encontrarnos con nuestro cuerpo desde el interior, guiados por la voz del instructor, por la musica que acompaña y por el clima ameno que se crea bajo un mismo sentido.

• Técnica: Recreación de técnicas básicas del tango bajo la oscuridad: iniciación al Tango, perfección de movimiento en equilibrio sin eje visual.
Recreación grupal de técnica específica de tango a ciegas, una por clase: caminata, pivot, ocho, balances, ejes, giros, etc.

• Paso de Tango específico de pareja tomada con posibilidad de movilidad en circuito de pista. A medida que transcurra el curso y según el aprendizaje de cada persona como también el nivel.
Tango Ciego
Pablo Sebastian Ugolini:

Su formación y reconocimiento comienza en la provincia de Córdoba, como bailarín y profesor de danza, donde formó parte del ballet latinoamericano de danzas y ballet de  folklore-moderno.

Actualmente es es Profesor de Tango y coordinador en una de las academias más prestigiosas de la Argentina, la compañía de Tango “Mayoral y Elsa Maria”.

Además participó en varios programas de televisión para la argentina y para la televisión extranjera, festivales internacionales de música, espectáculos.

Pablo, no solo es un buen profesor, sino también un apasionado de lo que hace, “me siento muy contento de poder transmitir mi experiencia y adaptarla a una danza que debe sentirse con el cuerpo, bailar a oscuras es algo que puede permitirme explorar y enseñar más libremente mi técnica, donde el manejo de los sentidos juegan un papel fundamental”.

Giuliana Carol Fernández Cuendes

De destacada trayectoria como Profesora de Ballet, Tango y Salsa en la Fundación para Ciegos y Baja Visión: “Nexos” de Uruguay, trabajó como asistente en el cuidado de enfermos de varias instituciones.

Es su especialidad el trabajo y enseñanza de la danza para personas disminuidas visuales o de baja visión. Su función en el curso de Tango a Ciegas, será la instruir a los alumnos en técnicas de relajación y elongación así como la de asistir al profesor en lo que a la técnica de baile  a ciegas se refiere.



http://theaterinthedark.com/es/escuela/tango.html



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